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Cantar Con El Corazón
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By Adriana Perera

Cada vez tenemos más información sobre la forma en la que la música influye en la conducta humana. Hay numerosos estudios de investigación que demuestran que la música que guarda un cierto equilibrio entre sus elementos y crea una atmósfera positiva nos ayuda a salir de la depresión, acelera el proceso de curación de la ansiedad, estimula la concentración, la memoria y entrena el cerebro hacia formas de pensamiento positivo, entre otros muchos beneficios.
 
¿Cómo puede la música entrenar nuestro cerebro para pensar de forma más positiva? Déjame darte un ejemplo. Imagínate que te encierran injustamente en una prisión oscura y maloliente. ¿Se te ocurriría cantar? Quizás sería lo último que pasaría por tu mente. Sin embargo Pablo y Silas decidieron cantar cuando fueron encerrados en una cárcel. No es casualidad que el apóstol Pablo sea el que más escribe sobre música y pensamiento positivo en la Biblia.
 
“… sean llenos del Espíritu Santo cantando salmos e himnos y canciones espirituales entre ustedes, y haciendo música al Señor en el corazón. Y den gracias por todo a Dios el Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (Efesios 5:18-20 NTV)
 
“Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía. Y que la paz que viene de Cristo gobierne en sus corazones. Pues, como miembros de un mismo cuerpo, ustedes son llamados a vivir en paz. Y sean siempre agradecidos.
 
Que el mensaje de Cristo, con toda su riqueza, llene sus vidas. Enséñense y aconséjense unos a otros con toda la sabiduría que él da. Canten salmos e himnos y canciones espirituales a Dios con un corazón agradecido. Y todo lo que hagan o digan, háganlo como representantes del Señor Jesús y den gracias a Dios Padre por medio de él.” (Colosenses 3:14-17)
 
CAMINOS EN EL CEREBRO
 
Los psicólogos nos explican que la música crea “caminos en el cerebro, que estimulan la creatividad y entrenan el cerebro hacia formas de pensamiento positivo.” [1] La música nos puede ayudar a crear el hábito de ser agradecidos y mantener un espíritu positivo.
 
El escritor francés Gustavo Flaubert escribió: “Cuidado con la tristeza. Es un vicio.”[2] Nuestro diálogo interno consiste en un cúmulo de pensamientos que pueblan nuestra mente y que con demasiada frecuencia se vuelven negativos. Pueden sumirnos en la tristeza y el desánimo. Llegamos a un punto en el que percibir la realidad de forma negativa y hablarnos mal a nosotros mismos acaba siendo una costumbre, y dejamos de buscar sentirnos felices porque nuestros pensamientos determinan nuestros sentimientos, y éstos nuestras acciones. La tristeza se convierte en un hábito.
 
 EL EFECTO DOMINÓ
 
La Palabra de Dios nos invita en diferentes ocasiones a centrar nuestros pensamientos en lo positivo.[3] Pablo nos dice que la música es una forma efectiva de entrenar nuestro cerebro para transformar el diálogo negativo en positivo.
 
Cantar produce endorfinas. Michael Huckabee, en un artículo sobre los beneficios de la música en la salud humana, escribe: “La música hace algo que escapa a nuestro entendimiento. Podemos llamarlo secreción de endorfinas o placer, pero es mucho más profundo que eso. De alguna forma la música nos hace bien, y el bien que nos hace es mejor de lo que imaginábamos.”[4]
 
Cantar con el corazón, como nos dice Pablo que cantemos,[5] tiene un efecto dominó. Si cantamos música positiva con letras basadas en la Palabra de Dios que hablan de su amor y sus promesas, esas letras se convierten en nuestros pensamientos, y sustituyen el diálogo interno negativo.  Al mismo tiempo, la música produce endorfinas, las hormonas del placer que contrarrestan el malestar. Nuestra mente estimula nuestro cuerpo, y rápidamente empezamos a sentirnos mejor. Mucho antes de que la psicología existiera, Dios había dicho en su Palabra que nuestros pensamientos determinan nuestros sentimientos y que éstos determinan nuestras acciones.[6]
 
Cuando Pablo y Silas cantaron en aquella cárcel de Filipos, no se centraron en su dolor ni en lo injusto de su situación. Se centraron en el Dios que los amaba y estaba con ellos aún en medio del dolor y la injusticia. La música les ayudó a permanecer positivos. Les dio la oportunidad de testificar al resto de los prisioneros. Dios envió un terremoto para liberarles, y en pocas horas el carcelero y su familia aceptaron a Jesús, y Pablo y Silas fueron liberados.
 
El canto de Pablo y Silas tuvo un efecto dominó.
 
MÁS QUE MÚSICA
 
La música ayuda a sanar y contribuye a nuestra felicidad, pero no hace milagros. El único que conozco que es capaz de hacer milagros y sanar desde dentro, es Jesús. Y Jesús nos ama tanto, que además de prometer estar con nosotros en cada momento de nuestra vida - desiertos, tormentas y cárceles incluidas - ha dejado en su Palabra consejos para que vivamos más felices aquí y ahora.
 
“Durante su vida en la tierra, Jesús enfrentó la tentación con un canto. A menudo, cuando se le decían palabras mordaces y ofensivas, cuando la atmósfera que lo rodeaba era sombría a causa de la melancolía, la desconfianza, el miedo o la opresión, se oía su canto de fe y alegría.” [7]
 
Que Dios nos ayude a pensar con su Palabra y a conservar su canción en nuestros corazones. A iluminar nuestras cárceles particulares y las de las personas que nos rodean con la música de un corazón nuevo, liberado y agradecido.
 

[3] Filipenses 4:4; Filipenses 4:8; 1 Tesalonicenses 5:16;
[4]  Janet Barret, Music Education at a Crossroads: Realizing the Goal of Music for All. MENC, MD. 2007 p. 108
[5] Efesios 5:18
[6] Proverbios 4:23
[7] Ellen White, La Educación, p. 166