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Venciendo en las Guerras de Adoración - Parte 2
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By André Reis

En la primera parte de esta serie sobre las guerras de adoración, enfocamos el lugar de la música en la adoración. Teniendo en cuenta la estrecha relación de la historia Adventista con la música, así como los muchos mitos acerca de la música y la adoración existentes entre nosotros, propuse que un primer paso para ganar las guerras de adoración es el enfoque "reduccionista" en la música de la iglesia. Este método abarca al menos dos aspectos: 1) la música de iglesia no debe ser vista como que tiene cualidades "celestiales" místicas o sobrenaturales, sino más bien, es un producto de la experiencia humana; 2) como tal, la música debe ser vista como una herramienta para la comunicación humana y no tener un papel "espiritual" en la adoración.
 
Yo reconozco que a primera vista, este enfoque "reduccionista" puede aparentar que considera la música como elemento de menor importancia en el culto. Así que en esta Parte 2, mirando la función principal de la música como lenguaje, podemos ver cómo la música comunica brevemente en la adoración.
 
Aunque la música de adoración no debe tener un papel espiritual central en el culto  - en el sentido de que su calidad o la falta de ella impacte la aceptabilidad de la adoración ante Dios - la música, como una herramienta para la comunicación, ofrece claras ventajas en la adoración. Cantar y hacer música, de hecho, es una orden a través de las Escrituras de los Salmos a los escritos de Pablo. ¡Cómo sería lúgubre y oscuro el culto sin el canto colectivo glorioso acompañado por los instrumentos musicales!
 
Como lenguaje, la música hace un impacto positivo en el adorador. Exceptuando alguna condición neurológica (como por ejemplo, la amusia, la incapacidad de responder o dar sentido a la música), los seres humanos somos por naturaleza sensibles a la música. Los contornos de la melodía de una canción, la combinación de notas para formar armonías, el ritmo, los cambios dinámicos de la fuerza o suavidad, todo alcanza el córtex auditivo como ondas sonoras y crea un efecto fisiológico.
 
Y no sólo somos sensibles a la música, somos también susceptibles a ella: en lo general, respondemos personalmente a la música. Más que cualquier otra forma de arte, la música provoca una reacción visceral del oyente al afectar las emociones y llevar a la participación del cerebro en una gran cantidad de formas. Los músicos son conocidos por desarrollar muchas zonas no exploradas del cerebro. A un nivel neurológico mucho más profundo la música incluso puede curar, como muestra el creciente interés en la musicoterapia.
 
Por estas razones, la música es un ajuste perfecto para el culto; ella es relajante y acogedora; aumenta el compromiso, el acto de responder y rendirse. Cuando se combina con palabras sagradas, la música enriquece y da vida a su significado y de una manera única incita las aspiraciones espirituales sublimes las cuales abren el camino para la transformación personal. Como el famoso teórico de la música Rousseau (1712-1778) explica: "La música no imita simplemente, ella habla; y su lenguaje, inarticulado, pero vivo, ferviente, apasionado, tiene un centenar de veces más energía que las palabras." (Discours, 416).
 
Así que la música es muy eficaz en el culto debido a su capacidad de enganchar el adorador de una manera única. ¿Cómo se relaciona esto con ciertas discusiones de las guerras de adoración en medio de nosotros? Lo hace en al menos dos formas.
 
En primer lugar, aunque la música actúa intrínsecamente para obtener una respuesta por parte del oyente, la intensidad del impacto de una pieza de música en el oyente depende de si él o ella toma una decisión consciente para permitir que la música efectúe dicho impacto. Contrariamente a algunas opiniones que se defienden actualmente en nuestras iglesias, el poder de la música no es "oculto" o místico y tampoco es irresistible.
 
Una cierta pieza de música no tiene poderes sobrenaturales para controlar al oyente y para mover inexorablemente a la gente a tomar decisiones morales, ya sea bueno o malo. La música despierta emociones humanas y como la tal, es responsable por fomentar estados de ánimo: la alegría, la tristeza, la tranquilidad, la agitación, excitación o el éxtasis. El impacto emocional de la música ayuda a crear un camino para el mensaje de las palabras. Pero una canción himno o la adoración no conduce inmediatamente a una decisión basada en su mensaje; ella simplemente facilita la comunicación de la verdad proposicional a la que el oyente debe responder conscientemente.
 
En segundo lugar, escuchamos mucho acerca de no traer música que "nos gusta" para adorar a Dios, sino más bien la música que le gusta  “a Dios”. Se busca apoyo a esta idea en la historia de Caín y Abel como un ejemplo de ofrecer lo que Dios pide y no lo que "nos gusta". Pero la aplicación de la moral de esta historia bíblica a la música de la iglesia es exegéticamente incorrecta; la historia no tiene nada que ver con el uso de un cierto tipo de lenguaje en la adoración, se refiere a una solicitud específica de "sacrificio". Este malentendido alimenta opiniones erróneas de la música como un sacrificio en la adoración que debe ser "aceptable" a Dios. Irónicamente, este argumento es utilizado para condenar la música que no nos gusta, mientras que la música que nos gusta es O.K; la música tradicional clásica se suele considerar el tipo de música "a Dios le gusta", mientras que la música contemporánea es lo que según el "gusto del adorador." Para decirlo más claramente: "¡Si no me gusta a mí, a Dios no le gusta tampoco! "
 
Este mito debe ser disipado ya que apreciar una pieza de música está directamente relacionado a si ella tiene el efecto deseado o no sobre el oyente. Adoramos mejor cuando cantamos canciones sagradas que nos gustan. La adoración corporativa no se interrumpe necesariamente si un estilo musical no es de mi agrado. Dios no está preocupado con nuestras sensibilidades artísticas personales en la adoración. De hecho, a Él puede no importarle cualquiera de nuestra música si Él no está en el centro de nuestra experiencia de adoración (Amós 5:23-27).
 
La música eficaz invita a la participación; y para alcanzar este objetivo, debe ser atractiva al oyente en su propio medio religioso-cultural. A las iglesias adventistas que quieren atender a las generaciones más jóvenes se les debe permitir usar (música?) agradable a la audiencia mientras que proporciona una experiencia de adoración auténtica y transformadora. Tal música puede tener tambores, percusión, bajo eléctrico y los ritmos sincopados. Por otro lado se debe permitir que las iglesias que prefieren la música al estilo clásico sirvan a una comunidad que aprecia este medio; eso puede implicar utilizar el órgano de tubos, arpas o coros antifonales. Mejor aún es un estilo de adoración mezclado, el cual incorpora lo mejor de ambos mundos. El punto aquí es mantener la música como una herramienta para la comunicación y separar a los gustos musicales de principios morales o espirituales.
 
En resumen, la música es una herramienta maravillosa para la comunicación de la verdad divina en la adoración de maneras aún más poderosas que la palabra hablada. A pesar de que no se debe dar un papel espiritual central en la adoración, es una dimensión muy importante de renovación en la adoración de las comunidades adventistas hoy.
 
En el próximo artículo, voy a abordar la cuestión de qué tipo de música pueden comunicarse mejor en la adoración corporativa.